El siglo pasado fue el de la Democracia. Éste es, sin duda el del Desarrollo Sostenible como "mejora" de la propia democracia, sin olvidar que este gran proceso tiene sus antecedentes en el Informe Brundtland de 1987 y en la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano celebrada en Estocolmo en 1972.
Para alcanzar acuerdos de carácter mundial, las naciones se han reunido en dos cumbres (Río 1992 y Johannesburgo 2002) mediante las cuales se ha adoptado una declaración de compromiso con el Desarrollo Sostenible.
A raíz de la Comisión Brundland, en 1987 se creó un documento en el que se proponían medidas para asegurar la viabilidad de la Tierra como un hogar habitable para todos. La Carta de la Tierra guía el comportamiento de los Estados hacia lo que se ha dado en llamar Desarrollo Sostenible. Esta declaración formó parte de las negociaciones efectuadas en la Cumbre de la Tierra de 1992 (Río de Janeiro).
En la conferencia Río+5 (1997) tuvo lugar el lanzamiento de la propuesta para la Carta de la Tierra, y posteriormente en La Haya (2000) la presentación oficial de la Carta de la Tierra. Finalmente en 2005 se presentó el libro "La Carta de la Tierra en Acción: Hacia un mundo sostenible".
Actualmente existen más de 66 comités nacionales de la Carta de la Tierra, con los que de forma desigual los países van implantando las distintas medidas del Desarrollo Sostenible.
En Río cuajó la idea de que el desarrollo económico ha de ir en paralelo con el desarrollo social y las empresas tienen que ser el motor de ambos desarrollos.
Además del Programa Agenda 21 y de la Declaración de Río, en la Cumbre de la Tierra se firmaron el Convenio sobre la biodiversidad y el Convenio sobre Bosques.
La Agenda 21 (o Programa 21) es un amplio plan de acción, de 40 capítulos, para aplicar en todos los países, tanto en los desarrollados como en los que están en vías de desarrollo. En este documento se establecieron los principios que deben desarrollarse en las siguientes áreas:
Johannesburgo
La Cumbre Mundial del Desarrollo Sostenible de Johannesburgo (Río+10) pretendía dos acuerdos: Una Declaración Política que asumiera una responsabilidad colectiva de los países para reforzar el Desarrollo Sostenible y un Plan de Acción que contiene varios compromisos como reducir a la mitad el número de personas en el mundo que no tiene acceso al agua potable, promover el saneamiento de las aguas residuales y la defensa de la biodiversidad y los recursos pesqueros.
Finalmente esta cumbre no selló ningún compromiso pero como punto positivo sirvió para recabar apoyos al Protocolo de Kyoto.
El Protocolo de Kyoto, fruto de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Kyoto 1997), ha sido ratificado ya por 89 países, sobre todo europeos.
Johannesburgo y sus consecuencias positivas han de ir poniéndose en práctica paulatinamente pero de forma inmediata. El plan de acción debe empezar sin pérdida de tiempo. Debemos ser conscientes de que el hombre por primera vez es capaz de autodestruirse, además de por las guerras, por su egoísmo en la utilización de la naturaleza y sus recursos.
Dos años después de la Cumbre de Río, tuvo lugar la Conferencia Europea de las Ciudades y Pueblos Sostenibles, en Aalborg (Dinamarca, 1994) cuyos acuerdos se plasmaron en la Carta Aalborg, con la que se sellaba el compromiso de sostenibilidad, basándose su contenido en la Declaración de Río y su aplicación en la Unión Europea.
En aquel momento la Carta fue firmada por 300 ciudades de 28 estados. Actualmente, ya son más de 2000 ciudades europeas las que han suscitado la Carta Aalborg, de las que más de 800 son españolas.